TERRAMAR

Quizás los clásicos de fantasía épica no sean un tema de conversación adecuado para la barra de un bar, pero el caso es que estábamos hablando de eso, de fantasía épica, y del otro lado ponderaban, como es habitual, las bonanzas de “El señor de los anillos”, y a mí se me ocurrió decir que vale, que el señor de los anillos está muy bien, pero que quizás había sido superada, y que, en todo caso, hacía mucho tiempo que no era mi favorita, o que, por decirlo mejor, se había quedado muy atrás en la cola de los favoritos. Del otro lado me miraron con paciencia, una de esas miradas que dan a entender que uno está diciendo tonterías, que quizás ha bebido ya demasiado. Pero yo estaba tomando café, americano, con hielo, y después de otro sorbo me animé a afirmar que los libros de Terramar estaban más cerca de ser una cumbre dentro de la fantasía, y si me apuraban dentro de la literatura, que cualquiera de las obras de Tolkien. Y entonces me miraron como si estuviera loco. Los del otro lado, que la única ficción que leen es, precisamente, fantasía, me miraron como si estuviera loco. Si es una mierda de mago, que no hace nada, dijeron. Con que no hace nada se referían a que no lanzaba bolas de fuego que arrasaran con varios enemigos a la vez. A que, de hecho, en todo el libro, en ninguno de los cinco libros- dejo aparte el de cuentos- haya nada digno de llamarse batalla. Y si uno lee fantasía, al menos como la leen en el otro lado, uno espera bolas de fuego y batallas. Las sutilezas, la literatura, son lo de menos. Por lo tanto me guardé mi defensa, iba a ser inútil contra alguien tan convencido de cómo deben ser las cosas, y decidí pasar a otro tema. Porque no habría modo, lo sabía, de convencer al otro lado de que, en realidad los magos de Terramar, se cuentan entre los más poderosos de la literatura. Es cierto que hacer hacen poco, pero no porque no puedan, si no porque ponderan muy bien si deben o no. La magia en Terramar no crea cosas de la nada, y el mago que invoca la lluvia en un sitio puede estar provocando sequía en otro. O dicho de otro modo, la abundancia de unos, suele acarrear la escasez de otros. Y, de alguna manera, esta responsabilidad en el uso del poder, podría tomarse como el elemento más fantástico o fantasioso de Terramar. Más que los dragones, las transformaciones o los terremotos apaciguados por la voluntad del mago. Uno se aventura a pensar qué haría alguien, en nuestro mundo, con los fabulosos poderes de los magos de Terramar y tiembla.

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