CRUELDAD

La obra de la autora británica Ángela Carter constituye uno de los más importantes hitos – sino el más importante – en la revisión y remodelación de la literatura gótica – el revival, por así decirlo- que tuvo lugar en la últimas décadas del siglo pasado y que aún colea. Sus relatos y novelas contienen un sabor más genuinamente gótico que la de algunos autores más vendidos – pienso en la sobrevalorada Ane Rice, hay otros peores- al tiempo que sus propuestas se nos muestran como más novedosas. Lo cierto es que en Carter se puede ver uno de los  primeros impulsos de toda esta corriente. Lo que no cundió, porque seguramente no está al alcance de cualquier amontonador de palabras, fue la calidad de su prosa.
Siendo el Marqués de Sade uno de los más fuertes influjos sobre sus escritos – así como los góticos, y los mundos casi inhumanamente artificiales del circo, la sociedad japonesa, y el cuento infantil – la crueldad es un tema que está muy presente en la obra de Carter. De hecho, la autora británica, ahonda más profundamente en este rasgo humano que el divino Marqués. Para este es una herramienta del muy poderoso para mostrar su poder, su capricho; para Ángela Carter puede descubrirse crueldad incluso en la inocencia. O, quizás, podría decirse que algunos de sus personajes practican una crueldad inocente, o una inocencia cruel.  O, tal vez, la conclusión a la que habría que llegar es que no hay inocencia en absoluto. Así en una de sus primeras novelas, “Varias percepciones”, galardonada con el premio Somerset Maugham, el protagonista se nos presenta como una persona pasiva, perdida, cuyos actos, a menudo arbitrarios y en principio carentes de malicia, hieren de un modo u otro a todo aquel que le rodea. En “El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo”- que por varios motivos considero la mejor de sus novelas, así como la que más completamente expone los temas y la idiosincrasia de Carter-, el protagonista, Desiderio, va conociendo personajes a cada cual más cruel. Y cada cual a su manera: La crueldad de los Indios del río es práctica; la de los piratas brutal y salvaje, natural; la de los centauros inocente y bienintencionada: sólo busca la salvación de los protagonistas; la del Conde y el Negro Terrible es la crueldad por la crueldad, la búsqueda refinada de la pureza a través del mal. Pero, finalmente, el más cruel de todos, es el propio Desiderio quien, en pro de concluir la misión que le han encomendado, destruye lo que ama condenándose a una vida de aburrimiento, que es, quizás, el más cruel de los estados de ánimo al que un ser humano puede somenter o ser sometido.

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