LA MUERTE Y EL CORCHO

“Tres rosas amarillas” es uno de los cuentos de Raymond Carver que más gustan. Por muchas razones, casi a cada lectura encuentro una nueva, no todas expresables, no todas coherentes con las anteriores. Quizás la más misteriosa sea el misterioso parentesco que le sospecho, no acierto del todo a decir por qué, con otro de mis cuentos favoritos: “Mensaje Imperial”, de Kafka. Otra, quizás, sea que el protagonista aparente – sólo aparente, el real sólo aparece en las páginas finales del relato- es Gogol, a la sazón otro de mis cuentistas preferidos. Tal vez me guste, también, la contumacia del propio Gogol a lo largo del relato, en restar importancia a su gravísima enfermedad, en negar la evidencia de la muerte hacia la que se precipita. En cierto modo, creo, este empeño se ve reivindicado por el final del relato. O tal vez el cuento me gusta porque, sucintamente, podría resumirse así: Donde hay un corcho de champagne la muerte no está.

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