SATURACIÓN PERFECTA: un comentario a “El curso del corazón”

El propio Harrison considera que “El curso del corazón” si no el mejor, si uno de sus mejores textos – su otro favorito es “Climbers”, que nunca se ha traducido -, y no le falta razón. Decir que un texto es uno de los mejores dentro de una obra llena de narraciones increíblemente buenas, únicas, o casi, en su especie, es decir que nos encontramos ante una de esas novelas sublimes que son poco menos que marcas fuego, verdaderas supernovas, que sólo aparecen en el mundo de la letra impresa de tanto en tanto. Es una novela que lleva en su seno violentas oposiciones, un seto esmeradamente perfilado pero de floraciones salvajes: La trama está llena de oscuridades y perplejidades, de más preguntas que respuestas. Respuestas que, cuando llegan, no son ni mucho menos totales. Cuando, hace ya dieciocho años, concluí la primera lectura, me sentí como si mirando al sol, deslumbrado, algo increíble hubiera sucedido, pero incapaz de decir qué. Sucesivas lecturas han ido aclarando el contorno, matizándolo. Pero a veces, de una a otra lectura, este contorno aparece como algo casi completamente distinto al anterior. Quizás, sólo quizás, complementario. El suceso central de la trama nos elude. La novela comienza con un prólogo o proemio, una introducción que concluye poco antes de que el suceso tenga lugar. A vuelta de página, en el primer capítulo, han pasado años. Los protagonistas no recuerdan que ocurrió. Pero a lo largo de los años van sufriendo las consecuencias, unos efectos secundarios extraños, a veces pavorosos, no carentes de una maravilla mórbida. Decir que estos efectos, estás visiones, son, en cierta medida, reflejo de los personajes, es acertado, pero pobre. El resto de la historia se podría reducir – aunque en el fondo hay más, mucho más – al intento de los protagonistas por comprender, o recordar, aquello que hicieron. Uno, el narrador, a través de escarceos esporádicos con la magia. La pareja formada por Lucas Medlar y Pam Stuyvesant, contándose la increíble historia del Corazón, un lugar o estado de cosas que desapareció del mundo al caer, en la edad media, cierta ciudad cuyo nombre no se menciona – y aquí, el lector encontrará un homenaje a Patrick Leigh Fermor –. Por otro lado, la prosa que nos conduce a través de la narración, incluso en los momentos más extraños, es de una lucidez y belleza pasmosas. Una frase del autor, extraída de su cuento “Cave y Julia” podría servir para describir la prosa:..tomado por un cámara sublime. La luz, las siluetas, cálidas como un color de saturación perfecta.

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