LOS LUPANARES DEL SEÑOR WOLFE

No pocos autores tienen uno o varios leitmotives, elementos que aparecen repetidamente a lo largo de su obra. Pueden ser temáticos – casi todos los autores tienen un tema fetiche, algunos hasta el extremo de que, desde cierto punto de vista, sus distintas obras pueden ser consideradas como una especie de tremenda novela mosaico; pienso, por poner un solo ejemplo, en Sábato -. Pueden ser argumentales, pues hay escritores, generalmente no demasiado buenos, aunque hay excepciones, que escriben una y otra vez la misma historia: los personajes, lugares, situaciones prácticamente extrapolables de una novela a otra. Un poco como esos grupos o cantantes con los que en cierto momento te parece que llevan tres o cuatro discos tocando la misma canción. También los hay quienes se aferran a cierto tipo de personajes, a un paisaje, a una ciudad, a cierto tipo de lugares. Y hay más, pero no voy a seguir enumerando.
Gene Wolfe es autor fascinante donde los haya, sobre todo desde el punto de vista narrativo. Aunque el hecho de escribir ciencia ficción lo mantenga alejado de la consideración de la mayor parte del mundo académico y mediático. Es fácil y difícil de leer a un tiempo. Una prosa clara, y hermosa, bien construida, imaginativa también. Pero es además, un maestro de la elipsis, del silencio o, más bien, del vacío elocuente. Del contar sin contar por el procedimiento de dejar al lector que rellene, o intente rellenar, las lagunas. Aunque algunas veces se muestra piadoso, y nos ayuda. Es un autor que hay que releer para sacarle todo el jugo, cosa, por fortuna, nada penosa; antes bien un placer. Las certezas -si hay certezas, que a veces, bastantes veces, no-, en sus historias, nos llegan a través de indicios. Para el lector hay más trabajo detectivesco en medio libro de Wolfe que en toda la obra de Agatha Christie o Conan Doyle. Infinitamente más que en algunas mediocridades modernas que se nos venden a bombo y platillo.
Uno de los leitmotives de Wolfe, además del personaje más o menos marginal, o diferente, o dañado, es el burdel. Está presente en sus principales y más interesantes obras. Severian, el verdugo con destino de redentor, en “El Libro del Sol Nuevo”, es llevado a uno donde las mujeres son casi gemelas de las nobles más celebres de su comunidad. Este aparente capitulo de iniciación, es fundamental, de un modo sorpresivo, para el resto de la novela. La primera parte de “La quinta cabeza de Cerbero”, se desarrolla en “La maison du chien”, un prostíbulo de lujo en un lejano planeta. Latro, el soldado, acaso romano, que con la noche pierde el recuerdo del día anterior – antítesis y reflejo de Severian, que es incapaz de olvidar nada, ambos viajeros, Latro a través del mundo antiguo, Severian por un futuro lejano – en un capítulo de “Soldado de la niebla”, se convierte en portero de un lupanar ateniense. Y el patera Seda, sacerdote protagonista de “El sol largo”, es requerido para exorcizar una presencia maligna en un club de alterne propiedad de su enemigo Sangre. En esta obra, además, la mayoría de las protagonistas femeninas – salvo la maytera Menta, una monja androide – se dedican, o se han dedicado, al “oficio más antiguo del mundo”. Aunque esta no es la razón de que “El sol largo”, cuyo DSCN0639cuarto y último libro no se publicó en español, sea mi novela favorita, o casi, de Gene Wolfe.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s